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la revolución del yo

  • howimetyourmanager
  • 9 nov
  • 4 Min. de lectura

En los últimos años, el mundo de la publicidad ha cambiado muchísimo. Antes, las marcas tenían todo el control: decidían los mensajes, los formatos y hasta los rostros que aparecían en los anuncios. Pero con las redes sociales, ese poder se ha movido hacia las personas.

Hoy, una influencer con una comunidad comprometida puede tener más impacto que una campaña de televisión. Y lo más interesante es cómo muchas de estas personas han aprendido a convertir su propia imagen en una marca.


Ya no son solo embajadoras o colaboradoras de otras empresas: algunas están creando sus propios proyectos, aprovechando la confianza y la conexión que han construido con su público.

No significa que hayan dejado de trabajar con marcas —la mayoría sigue haciéndolo—, pero sí que ahora también son dueñas de su propio mensaje. Al principio, el trabajo de los influencers se centraba en colaborar con empresas: campañas, sorteos, fotos con productos… Era una forma de comunicación directa entre la marca y los consumidores. Sin embargo, con el tiempo, muchos se dieron cuenta de algo fundamental: la gente no sigue a una marca, sigue a una persona. Los seguidores no compran solo lo que enseñas, sino la historia que cuentas, el estilo que proyectas y la emoción que transmites.


Ahí surge la idea de crear algo propio.


No es un rechazo al trabajo con marcas, sino una evolución: los influencers empiezan a entender que su voz tiene tanto valor que puede sostener un proyecto personal. Un ejemplo muy claro es Jessica Goicoechea, una de las figuras más conocidas del mundo de la moda en España. Tras años colaborando con firmas de ropa y belleza, lanzó su propia marca, GOI, centrada en bikinis y prendas con su estilo característico. Y si conoces su contenido, ves la conexión enseguida: Jessica siempre ha transmitido seguridad, sensualidad y una estética muy cuidada. GOI es todo eso, convertido en producto. No parece una jugada de marketing, sino la evolución natural de su carrera.


Crear una marca no es solo poner tu nombre en una etiqueta. Implica tener claro qué quieres transmitir y cómo quieres hacerlo. Y eso es algo que los influencers comprenden muy bien: han pasado años construyendo su imagen y su comunidad, así que saben qué les representa y qué no. Los pilares de una marca personal sólida suelen ser:

  • Identidad visual: los colores, los filtros, la estética. Todo debe tener coherencia.

  • Tono y personalidad: cómo hablas y qué tipo de energía transmites.

  • Valores: qué defiendes o qué emoción quieres que la gente asocie contigo.

  • Comunidad: tu grupo de seguidores, que son la base y el termómetro de si lo que haces conecta o no.


Un ejemplo muy reciente es Judith Jaso, que ha lanzado Crock’s Coffee, una marca de café inspirada en su perro, Crock. Lo bonito de su caso es que su marca no rompe con lo que ella ya era en redes. Judith siempre ha compartido su vida de forma natural, sin artificios, mostrando rutinas, charlas sinceras y un estilo calmado.El café encaja perfectamente con esa identidad: representa sus mañanas tranquilas, su estética limpia y su personalidad sencilla. Incluso el nombre, ligado a su perro, aporta ese toque emocional que hace que su proyecto se sienta auténtico.


Esta es la parte más compleja del fenómeno influencer. Cuando tu vida y tu contenido se convierten en tu trabajo, es inevitable que haya estrategia. Pero el gran reto está en mantener la autenticidad, ese valor que la gente percibe cuando siente que le hablas de verdad. Las marcas buscan perfiles que parezcan (y sean) reales. Pero ser real en internet no siempre es tan sencillo. Hay contratos, expectativas, presión por mantener la imagen… y todo eso puede acabar alejando a una persona de su esencia. Por eso, cuando un influencer decide lanzar su propia marca, el éxito depende de si logra mantener esa coherencia entre lo que es y lo que vende.


Judith Jaso es un buen ejemplo de cómo hacerlo bien. Crock’s Coffee no se siente como una maniobra de marketing, sino como una extensión natural de su personalidad. Es un producto que refleja quién es: cercana, tranquila y auténtica.


Jessica Goicoechea, en cambio, representa una autenticidad distinta: la de la seguridad, la moda y la estética. Su marca GOI transmite la misma energía que ella proyecta en redes. No intenta ser algo que no es. Y eso, en un entorno donde todo parece calculado, es justamente lo que genera confianza.


Al final, la autenticidad no significa ser “natural” todo el tiempo, sino ser coherente. Que tu contenido, tu producto y tu historia cuenten lo mismo. Y cuando eso ocurre, el público lo nota.


Hoy, el liderazgo no se mide por el cargo que ocupas, sino por tu capacidad de conectar con otros. Y en eso, los influencers son verdaderos líderes: inspiran, marcan tendencia, cambian comportamientos y, sobre todo, generan conversación. Este nuevo liderazgo no se basa en imponer, sino en influir a través de la confianza y la cercanía. Jessica y Judith no lideran desde una oficina, sino desde su día a día, compartiendo sus ideas, sus gustos y su visión del mundo.

Su comunidad las escucha, no porque tengan autoridad, sino porque creen en ellas. Ese tipo de liderazgo emocional es lo que hoy mueve la publicidad.


Las marcas ya no solo buscan visibilidad, sino conexión, y los influencers son quienes mejor entienden cómo se crea. El fenómeno de los influencers convertidos en marcas demuestra que la publicidad moderna ya no gira solo en torno al producto, sino a la historia que lo acompaña.

Seguimos comprando cosas, sí, pero lo hacemos movidos por confianza, identificación y emoción.


Tanto Jessica Goicoechea con GOI como Judith Jaso con Crock’s Coffee representan dos formas diferentes de entender esa conexión: una desde la moda y la fuerza visual, y otra desde la sencillez y la cercanía. Dos caminos opuestos, pero con un punto en común: la coherencia entre lo que son y lo que crean.


En el fondo, la publicidad actual se resume en esto: las marcas venden productos, pero los influencers venden confianza. Y esa confianza, hoy por hoy, vale más que cualquier anuncio.

 
 
 

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